LargoViaje

Esta entrevista fue realizada por Marian Ruiz Martínez y César Sánchez Gragera justo antes de la función de la obra de teatro El largo viaje del día hacia la noche, del dramaturgo Eugene O´Neill y dirigida por Juan José Alonso. 17 de octubre, Teatro Gayarre.

En ella, Alberto Iglesias, uno de los actores del elenco, se prestó amablemente a charlar con nosotros y a contestar a varias preguntas que le formulamos. Nos comentó que la decisión de hacer este montaje fue idea del director, Juan José Alons, que la tenía en mente desde hacía ya muchos años.

En principio, los actores y actrices fueron contratados por una productora pero con el paso de las funciones, han decidido crear una compañía teatral porque se sienten muy a gusto trabajando juntos.

El proceso de creación de El largo viaje del día hacia la noche, según nos comentó Alberto Iglesias, fue muy bonito, respetuoso y con libertad creativa para los actores. El director, Juan José Alonso, era quien en todo momento marcaba la partitura del trabajo y supervisaba los ensayos, dando mucha importancia al trabajo entre actores (la escucha, la mirada, etc). La obra se montó en 45 días, ensayando seis días a la semana.

Alberto Iglesias, por su parte, se dedica profesionalmente al teatro desde siempre. Además de actuar, también dirige y escribe. Considera importante que la entrega sea total, para poder defender lo que haces al cien por cien. Cree que esta obra es importante porque Eugene O´Neill, el dramaturgo, es el padre de Arthur Miller y Tennesse Williams y porque aporta una visión muy humana de la vida, desde la verdad y el corazón . A la hora de crear, Alberto Iglesias apuesta por “volver a la raíz”, a los orígenes del teatro.

En cuanto a cómo ve Alberto Iglesias el panorama actual dentro del ámbito del teatro, opina que hay muchísima creatividad pero que los actores y actrices no lo tenemos fácil para vivir de ello. Falta apoyo, compromiso y consideración por parte de los poderes públicos y a veces de la sociedad en general. Considera que no es justo ni digno no poder vivir de nuestro oficio y que a pesar de que las personas que nos dedicamos a esta profesión tenemos mucha fuerza, esta situación genera cansancio e incertidumbre.

“Esta es una profesión que nos hace humanos porque nos ayuda a crecer por dentro y eso, en la vida, es lo más importante”, termina diciendo Alberto Iglesias. Y sí, así es. Y por eso, hay que seguir encendiendo la llama de la ilusión para que la magia del teatro siga viva.

Por otra parte, el espectáculo me ha parecido muy interesante, sobre todo en lo relativo al trabajo actoral, que me ha parecido fabuloso. Se notaba que los actores estaban compenetrados, que había escucha entre ellos y que habían realizado un gran trabajo de profundización y análisis de sus personajes, lo cual se reflejaba en el escenario, a la hora de interpretar y expresar las distintas emociones y estados de ánimo cambiantes y extremos por las que iban pasando los personajes a lo largo de la obra.

La puesta en escena me ha parecido correcta, sin excesos de escenografía, lo cual ayudaba a ir a lo esencial, a disfrutar de las interpretaciones y matices de los actores.

Personalmente, no conocía demasiado al dramaturgo, Eugene O´Neill y me inclino a pensar que probablemente yo no hubiera elegido realizar una obra de casi dos horas de duración. En principio, pensaba que iba a ser demasiado larga pero la verdad es que estuve absorta y la historia me atrapó, así que el tiempo fue adecuado. El descanso en medio también la hizo más ligera aunque yo no lo hubiera necesitado.

Lo que me ha parecido interesante desde el punto de vista de mi profesión de actriz, es poder realizar un montaje en el cual tener la oportunidad de meterse en la piel de unos personajes con tanta profundidad y con mundos internos tan ricos y enrevesados. Tiene que resultar muy satisfactorio contar una historia en la que nada es del todo lo que parece y en la que hay mucho más de lo que se ve a simple vista, desgranándose escena tras escena hasta que cae la noche, oscura, como los propios fantasmas de los personajes de O´Neill.

Creo que hacen falta proyectos como este, que vayan más allá de la forma y de la estética y que nos hagan pensar y reflexionar sobre la condición humana. Proyectos que planteen situaciones incómodas que nos remuevan en nuestros asientos. Quizás porque en cierto modo nos sentimos reflejados y porque, para bien y para mal, ninguna familia es perfecta y todos guardamos nuestros secretos, penas y frustraciones en un bolsillo recóndito del alma, que cuando se desgarra y tiras del hilo, nos muestra, con toda su crudeza, la miseria en estado puro.

Y sin embargo, una es capaz de comprender a esos personajes tan magistralmente interpretados y sentir, de alguna manera, que a pesar de la oscuridad que asoma y se desliza por sus vidas, su humanidad les hace dignos de compasión.

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